
Era el 30 de Agosto de 1994. La copa Libertadores se definía por penales y yo los vivía desde la panza de mi mamá, a diez días de nacer. Ese mismo año, tres meses después, Vélez salía campeón del mundo. No tengo muy buena memoria para los hechos del pasado, puedo hacer algún pantallazo y recordar una imagen o alguna secuencia muy alejada de otra. Pero me acuerdo con detalles de algunos partidos de cuando era chiquita, desde el codo de la tribuna vieja, con mis primos, mi hermana y mi papá. Una vez mi primo Tomás quiso bajar para ir cerca del alambrado pero, obviamente, con sus tres o cuatro años, no entendía que no podía. Estuvo un rato largo pensando hasta que se le ocurrió comerse un caramelo, tirar el papelito por los aires y salir corriendo cuesta abajo al grito de "¡voy a buscar el papelito!". Ni que decir de lo que corrimos todos para frenarlo. En ese entonces no sentía nada por ese escudo, esos colores. Era divertido ir a la cancha pero no pasaba de un hobbie. Hoy en el estadio era todo totalmente distinto. Miraba los videos de la pantalla y no podía evitar emocionarme ni disimular una sonrisa. Veía la foto de Don Pepe y me sentía rara. Se me ponía la piel de gallina con el sólo hecho de pensar que hoy estamos acá y que cumplimos 100 años. Se ve que de chica no entendía porque lo veía con otros ojos. Pero un día, después de mucho tiempo sin pisar una butaca, volví. Y ese día entendí todo lo que no me cerraba. No había nada más gratificante que un gol o que una buena jugada. No había nada más lindo que cantar, gritar, saltar, mover el brazo. No había nada más apasionante que un partido de fútbol. Y ahí me di cuenta de que, aunque quizás no era lo que esperaba, estaba completamente aferrada al sentimiento que se vivía en esa popular. De que amaba al fortín y que toda mi vida iba a ser así. De que iba a pasar seguramente por muchos enamoramientos y flechazos, pero que Vélez siempre iba a estar ahí. Así es que en quince años aprendí a amar al fortín como nunca voy a amar a nada en mi vida. Porque la emoción que se siente cuando entra la pelota en el arco y se viene la tribuna abajo, no la cambio por nada.
Gracias por todos los logros, Vélez Sarsfield.
100 años de un amor para toda la vida.
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