
Me desperté. No pensé en vos. Comí. Seguí sin pensar en vos. Me cambié y me fui al puerto. No pensé en vos. Entré a la playa. Aún no pensaba en vos. Volví y me conecté. No pensaba en vos. Vi una foto tuya y no me importó. Pensé en vos dos segundos. Y ahora, que todos duermen y estoy sola, pienso. Pienso mucho en vos. Salí de mi mente por favor ! Ya ! Alejate. Estaba tan bien antes.
Las olas te callan. Callan tu recuerdo diciendo "me lo crucé tres veces el mismo día ! y me miraba feo el gil. Pero igual no me gusta pelearme". Tengo tan grabada tu voz en ese día. Tu voz, tu cara de dormido, tus quéteibaadecir, tu sonrisaaaaa !, tu remera blanca con tijera rosa, tu bermuda cuadriculada, tus zapatillas poni azules, como las de Tini. Y todo en mi mente se mueve como el mar. Va y viene tanto que marea. Pero esos recuerdos no se mueven ni un segundo. Son la escollera más fuerte que puede existir.
El viento me despeina. Me despeina y se lleva mis lamentos silenciosos a mezclarse con las nubes, para que caigan juntos en una lluvia deprimente. Y vuela la arena y la hace cubrir las montañas de frustraciones que llevo conmigo siempre.
El cielo está perfecto. Tan perfecto que me lo hace a propósito, porque sabe que sos mi perfección, porque lo perfecto me recuerda a vos. Y las nubes son gorditas y blancas. Blancas como tu sonrisa de Colgate.
Y entonces, si ahora lo pienso así, ¿por qué no pensé en vos antes? Será que de a poco, muy de a poquito, estoy empezando a superarte.
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