Entre silencios suspiraste, dejando escapar un "te amo" inesperado. Te dije que prefería un te quiero, más sincero y realista, a esa hipocresía. Me explicaste que era completamente cierto, que el te quiero te quedaba corto desde ese momento en que me besaste por primera vez. Dije que no podía creerte, me prometí a mí misma que no me ibas a lastimar de nuevo. Pero las razones se me olvidan cuando te tengo enfrente y se borran mis deseos y recuerdos.
Sé que en un pasado eras el que me dolía en cada parte de mi corazón, el que provocaba llantos interminables y ganas de no quererte nunca más, ni un poquito. Y hoy, después de tantas traiciones y desvelos pensando qué hice mal, te acercás, como si nada hubiera pasado, te posás en mis labios y susurrás algunos te amo que me dejan perpleja.
Hace una semana tenía novio, era feliz y no pensaba en vos. Pobre de él, que es tan bueno y lo quiero tanto, pobre por ese beso que nos dimos, ese beso prohibido. No lo busqué y lo encontré, me encarcelaste y no pude escapar. O sí, pude, pero en ese momento no quise. Te quería para mí. Qué egoísmo, no pensaba en mi novio ni en tu novia, en ninguna consecuencia.
Pero hace algunos días la dejaste ir. Dijiste que no pensabas más que en ese momento, que me querías al lado tuyo para siempre, que necesitabas más de mí y que no querías lastimarme nunca más. Cuentos, que me conozco de memoria, al derecho y revés en todos los idiomas existentes e inexistentes. Aún así, siempre que llegás alborotás mi equilibrio y se desbaratan mis planes de felicidad, dejándome en un estado de perturbación bastante profundo.
Por eso hablé con mi novio. Le pedí perdón, sé que lo lastimé. Me perdonó y aún así quise alejarme por un tiempo. No para estar con vos, sino para poder pensar tranquilamente y sin presiones. No sirvió de mucho el negarme, no me pude resistir. Me pediste verme, querías hablar. Y yo, en lugar de rechazarte, me uní a tu esclavitud y te dejé ser, sin reprimir ninguno de tus deseos.
Quisiste saludarme con un beso y no lo permití. No estaba bien.
-No vine a eso, me pediste hablar. Así que soy todo oídos- te dije.
-Tampoco pretendía sólo hablar. No sé qué me pasó. Fue todo muy rápido y ahora necesito estar cerca tuyo- me contestaste.
-No me compliques las cosas así, por favor. ¿Justo ahora tenía que ser? Tuviste meses en los que yo estuve enamorada y podría haber estado con vos por cualquier precio que hubiera que pagar. Hoy no. Hoy va más allá de lo mucho que pueda amarte.
-Si me amás, que nada te lo impida. Yo ahora siento que te amo. Me volvés loco con sólo verte, me desespero al no tenerte.
-Bienvenido a mi vida de todos los días.
Pasaban los minutos y nadie decía nada. Supongo que yo no quería acercarlo ni alejarlo. Y él... quién sabe lo que él pensaba en ese momento.
-No puedo dejarte ir ahora- rompió el silencio su voz-. Podés decirme lo que quieras, yo sé que pensás que soy una mierda de persona, pero no soy así ni quiero serlo con vos.
-Lo cierto es que yo no soy yo si no pienso veinticinco horas por día que te amo y que necesito de vos para seguir. Pero no puedo ser tan dependiente.
-No lo seas. Dejame serlo a mí.
Y me besaste. Como nunca lo habías hecho. Y después de un tiempo desapareciste de mi vida como yo lo imaginaba. Me dejaste con las manos vacías y un hueco en mi alma más profundo. No espero un perdón, si no que no vuelvas jamás.
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