
Resulta que un día salía de inglés con una amiga, Abi. Íbamos a tomar el colectivo juntas. La parada estaba en la esquina, ahí no más. Fuimos a comprar no se qué al kiosko de enfrente para cambiar monedas y se me cayó el celular. Se abrió y había que andar buscando la batería. Empezamos mal. Cuando estábamos por cruzar para tomar el colectivo, pasó uno vacío (siempre nos pasa). Seguimos mal. Estábamos esperando y vemos a una señora un poco mayor observándonos con cara de loca por la ventana de su casa. En eso yo no sé por qué me enojé y pateé el caño de la parada del colectivo y le dije "ui, perdón". Sí, al caño. Abi se pillaba de risa y yo... bueno, yo también.
Llega el colectivo, vamos a poner las monedas y no pasaban (tampoco pasan nunca). Seguimos peor. Cuando logramos pasarlas, no quedamos por ahí paradas. Nos reíamos solas y nadie nos entendía, nos miraban con cara de que estábamos locas. Bajamos, yo estaba un poco distraída. Miraba para otro lado mientras caminaba. Y ahí fue que me llevé puesto el caño de esta parada. Desde ese día Abi me recuerda siempre que me comí un caño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario