sábado, junio 19, 2010


Toda belleza alguna vez declina. O simplemente nos cansamos de esa belleza. O incluso de que esa belleza esté por sobre todo. ¿Que dónde quedó la cima que habíamos alcanzado? Supongo que nunca llegamos, sólo lo pretendimos. Bueno, por lo menos yo. Él siempre supo lo que hacía. Será que siempre anhelo llegar a donde quizás jamás llegue. Y allí se va alejando, desdibujándose mi meta cada vez que me doy cuenta que cuando creo que avanzo en realidad retrocedo, que no hago más que guiarme por historias de cuentos que nunca le sucedieron a ningún ser dentro de la realidad. No me siento enojada. Ni triste. Sólo bastante decepcionada. Pero qué más podía esperar de quien no conoce el concepto de crecimiento, alguien a quien la madurez le escasea. Y se hace rogar. Ruego por que algún día crezca y reconozca que se equivoca. Y más todavía: que aprenda a disculparse y que por fin complete el desarraigo de esa actitud que tanto me conmueve. Que tanto me provoca. Que tanto me perturba. Y que tanto me atrae. Y esa actitud no es más que lastimarme, que sostener un juego sucio en el que no es concebible una derrota. Quizás sea un jugador excepcional. Quizás sólo tenga suerte de hacerle trampa a una perdedora por naturaleza. Es que el amor no es más que eso: una partida de damas, de ajedrez; una guerra. Una guerra injusta. ¿Injusta? Muy injusta. Aunque la credibilidad no abunde, esta tonta siempre crédula termina por acatar y sonreír, insistiendo inconscientemente en seguir adelante, dejándose hacer trampa por un mentiroso que se regocija en el sufrimiento ajeno. Lo sé, todo se supera. Algún día.

viernes, junio 18, 2010

Que me quedes tú.


Que se arruinen los canales de noticias con lo mucho que odio la televisión. Que se vuelvan anticuadas las sonrisas y se extingan todas las puestas de sol. Que se supriman las doctrinas y deberes, que se terminen las películas de acción, que se destruyan en el mundo los placeres, y que se escriba hoy una última canción, pero que me quedes tú y me quede tu abrazo y el beso que inventas cada día. Y que me quede aquí después del ocaso, para siempre, tu melancolía. Porque yo, yo, sí, sí dependo de ti. Y si me quedas tú me queda la vida. Que desaparezcan todos los vecinos y se coman las sobras de mi inocencia. Que se vayan uno a uno los amigos y acribillen mi pedazo de conciencia. Que se consuman las palabras en los labios, que contaminen todo el agua del planeta, o que renuncien los filántropos y sabios y que se muera hoy hasta el último poeta, pero que me quedes tú y me quede tu abrazo y el beso que inventas cada día. Y que me quede aquí después del ocaso, para siempre, tu melancolía. Porque yo, yo, sí, sí
dependo de ti.
y si me quedas tú
me queda la vida.

viernes, mayo 21, 2010

I can't fight this feeling anymore.

I can't fight this feeling any longer and yet I'm still afraid to let it flow. What started out as friendship has grown stronger. I only wish I had the strength to let it show. And even as I wander I'm keeping you in sight. You're a candle in the window on a cold, dark. winter's night. And I'm getting closer than I ever thought I might. And I can't fight this feeling anymore. I've forgotten what I started fighting for. It's time to bring this ship into the shore and throw away the oars. Baby, I can't fight this feeling anymore. My life has been such a whirlwind since I saw you. I've been running round in circles in my mind. And it always seems that Im following you 'cause you take me to the places that alone I'd never find. And even as I wander I'm keeping you in sight. You're a candle in the window on a cold, dark. winter's night. And I'm getting closer than I ever thought I might. And I can't fight this feeling anymore. I've forgotten what I started fighting for. It's time to bring this ship into the shore and throw away the oars, forever. 'Cause I cant fight this feeling anymore. I've forgotten what I started fighting for. And if I have to crawl upon the floor, come crushing through your door, baby, I cant fight this feeling anymore.

domingo, mayo 02, 2010


Tu sonrisa vale oro y tu pelo ni se diga; pero lo que más me gusta es tu bella geografía. Tus ideas me convencen, sabes bien lo que hay que hacer; pero lo que más me gusta es tu forma de querer. Y no te cambio por ninguno, eres todo lo que quiero. Ni siquiera por la luna. Que se queje el mundo entero.

sábado, abril 24, 2010

C.A.V.S


Era el 30 de Agosto de 1994. La copa Libertadores se definía por penales y yo los vivía desde la panza de mi mamá, a diez días de nacer. Ese mismo año, tres meses después, Vélez salía campeón del mundo. No tengo muy buena memoria para los hechos del pasado, puedo hacer algún pantallazo y recordar una imagen o alguna secuencia muy alejada de otra. Pero me acuerdo con detalles de algunos partidos de cuando era chiquita, desde el codo de la tribuna vieja, con mis primos, mi hermana y mi papá. Una vez mi primo Tomás quiso bajar para ir cerca del alambrado pero, obviamente, con sus tres o cuatro años, no entendía que no podía. Estuvo un rato largo pensando hasta que se le ocurrió comerse un caramelo, tirar el papelito por los aires y salir corriendo cuesta abajo al grito de "¡voy a buscar el papelito!". Ni que decir de lo que corrimos todos para frenarlo. En ese entonces no sentía nada por ese escudo, esos colores. Era divertido ir a la cancha pero no pasaba de un hobbie. Hoy en el estadio era todo totalmente distinto. Miraba los videos de la pantalla y no podía evitar emocionarme ni disimular una sonrisa. Veía la foto de Don Pepe y me sentía rara. Se me ponía la piel de gallina con el sólo hecho de pensar que hoy estamos acá y que cumplimos 100 años. Se ve que de chica no entendía porque lo veía con otros ojos. Pero un día, después de mucho tiempo sin pisar una butaca, volví. Y ese día entendí todo lo que no me cerraba. No había nada más gratificante que un gol o que una buena jugada. No había nada más lindo que cantar, gritar, saltar, mover el brazo. No había nada más apasionante que un partido de fútbol. Y ahí me di cuenta de que, aunque quizás no era lo que esperaba, estaba completamente aferrada al sentimiento que se vivía en esa popular. De que amaba al fortín y que toda mi vida iba a ser así. De que iba a pasar seguramente por muchos enamoramientos y flechazos, pero que Vélez siempre iba a estar ahí. Así es que en quince años aprendí a amar al fortín como nunca voy a amar a nada en mi vida. Porque la emoción que se siente cuando entra la pelota en el arco y se viene la tribuna abajo, no la cambio por nada.

Gracias por todos los logros, Vélez Sarsfield.
100 años de un amor para toda la vida.

De mí a mí misma.


En la vida cotidiana surgen problemas de todo tipo. Problemas para dormir o problemas para despertarte. Problemas para llegar temprano al colegio. Problemas con el auto, que a veces se rompe. Problemas de un libro de matemáticas que no tiene la culpa de ser libro de matemáticas. Problemas de mal humor al mediodía cuando tenés hambre. Problemas en educación física cuando no tenés ganas de hacer actividad. Problemas en algún hueso y/o músculo por no hacer bien un movimiento. Y problemas más severos. Problemas con tus amigos que pueden llegar a ser irreversibles. Problemas con tu familia después de años y años de convivir más o menos gratamente. ¿De dónde salió toda esta histeria generalizada que ocupa completamente el cerebro y no te da lugar para seguir con lo demás? ¿Cómo se rompió ese importante equilibrio que llevabas en el día a día? Y necesitás soporte. Alguien que aguante todo el peso que sentís con vos. ¿Y qué pasa cuando todo eso falla? ¿Cómo seguís cuando no hay soporte alguno desde ningún lado? ¿Y cuando necesitás renovar tu ambiente? Un cambio de colegio, una mudanza, un alejamiento completo de tu vida rutinaria. Es completamente imposible, y no encontrás salida alguna para toda la crisis que estás viviendo. Ahí te das cuenta de que estás creciendo, de que el mundo no es perfecto como lo tenías pintado hacía unos 10 años atrás, de que con el tiempo construíste a tu alrededor una coraza que te había vuelto inerte, que no te dejaba sentir nada, absolutamente nada. Pero la pasión y el amor que le tuviste a él era la prueba de que aún seguías viva. Aunque seguías sin sentir. Subías a un escenario a cantar y no te dolía la panza. No disfrutabas de lo que toda tu vida te había gustado hacer, como bailar o cocinar. Vivías encerrada entre cuatro paredes que sellaban al vacío tus emociones y no te dabas cuenta. Pero las cosas te pesaban. Te pesaban tanto, tanto, que un día estallaste. El detonador de la bomba estaba listo hacía mucho tiempo para destruir ese caparazón que llevabas puesto. Y dijiste BASTA, por fin. Ya era hora de dejarle al mundo saber que sí te importaba lo que hacían, lo que pensaban, lo que decían. Desde ese día no fuiste nunca más la misma. Te rebelaste con las personas que lo merecían y con las que no. Y te gustó. Te gustó saber que a veces podías ser escuchada. Pero preferías guardar todo y detonar al final. Y así te fue en la vida. Te enfermaste de tristeza millones de veces. Vomitabas palabras y vomitabas desde el estómago. Eras feliz para el exterior pero por dentro te estabas autodestruyendo. Te dabas cuenta de que tu papá te quería menos de la mitad que a tu hermana y tu mamá te estaba dejando un poco de lado. Quizás no lo hacía intencionalmente, le dolía mucho que crecieras tan rápido. Y allí fuiste, arremetiste contra el mundo y volviste cabizbaja y con mil lágrimas para llorar. Te diste cuenta de que nunca ibas a poder salir adelante sola y que el mundo podía ponerse en contra tuyo en cuestión de segundos, porque ya te había pasado y tenías mucho miedo a que esa maldita historia familiar se repitiera en otros contextos. Así que tanteabas el terreno, buscabas excusas y aliados, y allí ibas, encabezando una nueva batalla. Nunca miraste atrás, nunca pediste perdón. Creo que ya es tiempo de disculparte con algunas víctimas por tu sed de gloria. Cuando volviste a sentir, descubriste lo que era amar mucho a alguien. Y sentir por primera vez toda esa emoción te dejó petrificada. No sabías qué hacer ni cómo actuar. Y él no colaboraba, le encantaba verte mal. Por enésima vez en tu vida, te estabas dejando pisotear. Tanto amor nunca fue tu fuerte. Pero perseveraste, caíste y te levantaste. Intentaste otra vez capturarlo pero él siempre te capturaba a vos. Probaste mil modos, pero ninguno funcionó. Quizás el destino te había engañado, quizás no era para vos. Gracias al tiempo, lograste superarlo a de poco. Aunque siempre lo vas a amar. Y hoy se te interponen muchos problemas más. Más complejos de los que pueden surgir de las olimpiadas matemáticas. Pero vas a poder salir, estoy segura. De todos modos, siempre te gustó llorar un poco.

miércoles, abril 21, 2010

Ommm... Aquí vamos otra vez.

Creo que nunca tuve cosquillas en la panza. No que yo me acuerde. Pero cuando te veo sí tengo. Muchas cosquillas. Y, ¿sabés qué? Se me hacen más fuertes cuando me sonreís, cuando veo tus ojos, o tu cara de gnomo de jardín sonriente dormido cada mañana. Todo eso me encanta.
O cuando te hablo, intento hacerlo parecer natural, pero lo cierto es que por dentro tengo miedo, y por fuera... bueno, por fuera me tiemblan las piernas, los brazos, los cachetes y hasta las orejas. Aún así, lo sigo intentando porque algún día voy a tener que hablarte de temas importantes y me va a costar muchísimo.
No, nunca te voy a amar como lo amaba a Lucas. Nunca te voy a amar como a él porque no hay dos amores iguales. No quiere decir que te ame menos, sólo que te amo diferente. Supongo que también tiene que ver con que con el tiempo fui madurando y aprendiendo un poco de todos los malos momentos que pasé. Pero no me hice fuerte. Nunca voy a ser fuerte. Soy tan volátil como una suave niebla y tan cambiante como este clima que tenemos últimamente. Sin embargo, no me importa que llueva. Yo te voy a amar igual. ¿Y cuando haya un sol brillantísimo? Bueno, ese día también te voy a amar. Y los odiosos días de humedad, en esos te voy a amar un poco más.
Quizás nunca vaya a decir que estoy enamorada de vos porque me cuesta verlo así. O no quiero verlo así. Digamos que tengo mis razones; siempre le voy a tener miedo a estar enamorada porque no hubo hombre alguno al que amara que no me haya lastimado. Intencionalmente o no pero el daño no se sana con un perdón. Porque perdón significa "no voy a volver a hacerlo" y todas mis historias tienden a ser cíclicas. Y no quiero, no quiero sufrir por vos. No quiero llorar apretando un almohadón violeta y pensando en que nunca vas a quererme como te quiero y que tampoco tenés intenciones de intentarlo.
Hoy quiero simplemente dejar de escribirte y que el sonido de estas palabras salgan de mi boca para que las escuches. Y no temblar cuando las digo. Y no tener miedo. Y no arrepentirme. Sólo decirte que no me importa nada, sólo decirte que te amo mucho.

martes, marzo 30, 2010

Love at first sight,
never thought it could happen to me.



But you made me believe.
Why don't you break my heart?
Make it hurt so bad.
Come on and give it your best,
no less, I insist.
I want it just like that.
Why don't you break my heart?
It sounds good to me.
Do it over again, again, again.
You're just what I need.

jueves, marzo 25, 2010

Instintos.

Su piel se veía suave de lejos y de cerca, y su perfume llenaba los pulmones de aquel muchacho de placer. Ella lo perseguía con la mirada discretamente para disimular todo lo que lo quería. Es que desde hacía ya unos meses él tenía novia, a pesar de todo lo que había pasado entre ellos dos un tiempo atrás.
Delante de las miradas prejuiciosas de todos, ella cuidaba su integridad ahogando los gritos desesperados por pedirle amor. Pero en la soledad de su mente no pensaba en otra cosa. Extrañaba desde lo más profundo de sus entrañas la forma en que él la miraba antes. Ahora esas miradas se decodificaban mostrando culpa, algún "perdón" que no podía haberse pronunciado.
Él sentía que la había traicionado y que la seguía traicionando cada vez que le decía "te amo" a su novia. Es que se sentía en el deber de quedarse con esta nueva chica pero en su corazón se arraigaba cada vez más un amor incondicional hacia otra, esa a quien solía mirar con cariño y recelo cada vez que otro se le acercaba.
Ella era orgullosa por sobre todo y jamás iba a reconocerle todo lo que la había lastimado. No podía entender desde ningún punto de vista por qué había dejado de pelear por ella en algún momento. Ella sabía que debía haberlo mirado antes pero ya no podía volver el tiempo atrás. Y aunque lo hubiera intentado, no se podría haber permitido quererlo tanto como lo quería.
Él era superficial por sobre todas las cosas. Le había atraído el movimiento de su pelo y no veía más allá de su cara bonita. Con el tiempo se dio cuenta de que esa superficialidad estaba desapareciendo y que ella le importaba de verdad. Antes peleaba por ella para mostrarse ganador, hoy no peleaba por ella pero le gustaría haber peleado por su cariño. Ya no le importaba cuánto se movía su cabello ni como brillaba su piel. Solo quería tenerla con el.
Una mañana nublada, ella estaba en el colegio cuando le llegó un mensaje de texto. "¿Podemos hablar a la salida? te espero en la plaza, ya sabes cuál". Era él. Si, era él, y nada la alegraba más. Sonrió con esa sonrisa amplia que la caracterizaba y guardó su teléfono en el bolsillo. Quería tenerlo lo más cerca posible, como si ese celular fuera él. Sus amigas se percataron de su buen humor y no entendían qué había pasado. Aunque sospechaban de algún tema relacionado con él. Siempre la ponía feliz saber esas cosas.
No dejaba de pensar en ese mensaje. No quería olvidarse jamás de ese mensaje. Y no lo hizo hasta que se acordó de algunas cosas. Se acordó de aquel chico con el que estaba saliendo hacía un tiempo sin llegar a nada serio. Se acordó y se sintió culpable. Culpable por no sentir lo que sentía por ella. Culpable por sentir mil cosas más fuertes por alguien que la alegraba cada tanto, como ese día, con un simple mensaje de texto. No entendía qué quería de ella, ya la había herido lo suficiente.
Era la una y media cuando él la vio doblar la esquina. Sonrío levemente y en seguida cambió la cara. Estaba un poco aturdido y no sabía qué debía hacer.
Se saludaron reluciendo incomodidad y se miraron fijo durante algunos segundos. Él sentía que debía empezar a hablar, después de todo, él era quien le había pedido a ella verse. Sin embargo, esta vez, ella tomó la iniciativa.
-Querías hablar, te escucho-dijo intentando parecer indiferente.
Y en ese momento, él tomó aire cargado de coraje y empezó a balbucear un interminable discurso confuso sobre lo que sentía en ese momento. Que la necesitaba. Que se sentía mal por haberla dejado atrás. Que no la quería, que la amaba.
Ella sentía cada palabra como un dolor que disfrutaba. Le encantaba tenerlo ahí diciéndole lo que acababa de escuchar: nada más y nada menos que la amaba. Pero quería borrar completamente la idea de que las palabras se las llevaba el viento junto con las hojas de ese otoño y él, a pesar de todo, tenia novia. Así que, de a poco, las lágrimas le fueron llenando los párpados y comenzaron a correr carreras por sus mejillas.
-...y no puedo dejar de pensar en vos-dijo para concluir.
-¿Por qué me hacés esto?-atinó a contestarle-¿Por qué no me dejás en paz? Estoy bien con quien estoy y vos con quien estás.
-Dejemos de mentirnos. Vos no estas bien con él-se defendió.
-Sí, estoy bien-pronunció, con su orgullo como escudo.
-¿Segura?
-No, la verdad es que no. Que...
-Que...
-Que sí, que es verdad, que yo también te amo.
Él le sonrió como nunca le había sonreído. Y la beso.
Para ella, ese beso fue satisfactorio y escalofriante a la vez. Tenía miedo pero no buscaba nada más que tenerlo cerca.
En ese momento se escuchó un grito melancólico que aclamaba el nombre del chico y dejó de besarla. Quien gritaba era nada más y nada menos que su novia, quien había llegado justo para la parte culminante, el beso del final. Él salió corriendo a buscarla, dejando a ella con cien lágrimas en los ojos y un millón mas por llorar. Después de todo, sus instintos no le fallaban, a él solo le gustaba apreciarla.
If you are the game, I wanna be a player.


NF♥