lunes, enero 26, 2009

Contra vientos y mareas

Ellos eran la pareja más linda y perfecta. Siempre juntos, con sus libertades a la vez. Se llevaban bien con los amigas y amigas del otro. Eran la envidia de cualquier par de tontos que querían ser un romance con título. Pero la realidad es que internamente tenían problemas como cualquier otro. A él le molesta la forma en que ella era tan prolija y organizada. No quería darle rienda suelta a sus emociones y sólo hacía lo correcto. A ella le molestaba su manera de ser tan jugado, de que no le importara nada más.
Así eran: mister jugado y miss reprimida. Pero todo tiene su por qué y aún así se amaban mucho.
Un día, en una salida, se aburrían. Sí, pasaban tanto tiempo juntos que necesitaban de vez en cuanto renovar sus lugares para visitar. Se tomaron un colectivo al azar y bajaron cuando se les dio la gana. Estaban perdidos, pero era divertido, porque se tenían el uno al otro para saber que estaban bien. Caminaron algunas cuadras y la tranquilidad rezumaba de todas partes. Estaban en un lugar... romántico. Bueno, eso fue cuestionable luego, cuando todo ocurrió. De la nada salieron unos dos o tres chicos, que lo golpearon a él y la retuvieron a ella. Ella lloraba y forcejeaba, no podía verlo herido. Él necesitaba que la dejaran ir, ¿por qué hacían eso?
Él forcejeó y le pego como pudo a los que lo atacaban. Encontró por ahí cerca algún palo, o algo por el estilo. Nadie sabe bien qué era. Y así, como pudo, ayudó a su novia. Por una vez, su extroversión y sus impulsos, a ella no le molestaron. Es más, la hicieron sentir protegida y contenta de tenerlo consigo. Corrieron. Corrieron como nunca en sus vidas y tomaron el primer taxi que pudieron parar. Estaban sucios, golpeados y alborotados. Pero al taxista no le importó. Si supieran cada uno que se subió a su taxi. A los taxistas nunca les importa quién sea, con tal de que le entable una conversación.
Al fin juntos y más tranquilos, en el auto, pudieron hablar.
-Decime que no soportás mis impulsos, decime no me querés, ahora.
-No te quiero.
-Yo no te creo.
Y sellaron todo con un beso que terminó con los problemas que podían tener. Ella fue más abierta y él más cerrado. De todas formas, siempre se amaron y siempre lo harán.

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