No soy valiente. No soy jugada. No me gustan los riesgos. Prefiero la negación propia al rechazo ajeno. Pero hoy fui valiente. Quién sabe de dónde saqué el coraje para decirte tantas cosas, Lucas. Escribí durante meses hojas y hojas sobre cómo me sentía, sobre cómo eras vos, pero nunca quise decirte nada. Tenía miedo a que me rechazaras. Pero no lo hiciste. Me trataste muy bien. Me entendiste. Hasta lloraste. Esto es algo increíble para mí.
Me dijiste que necesitaba y merecía a un Lucas mejor, uno menos histérico y menos idiota. Pero yo no quiero a otro Lucas. Quiero a mi Lucas, que tiene menos de mío que cualquier cosa en este mundo. Pero aún así muy adentro de mi corazón es mío. Mío solo y no lo comparto con nadie.
Me dijiste también que los dos nos equivocamos. Sí, reconozco que si te lo hubiera dicho antes quizás hoy no sería tan tarde. Y vos... tu error fue 'dejarme ir'. Esas fueron tus palabras. Y me dejaron atónita. Aunque sé que es tarde y no vas a venir.
Gracias por generarme una sonrisa desdibujable.
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