Dicen que el aleteo de una mariposa puede causar daños irreparables y desastres inmensos en otro lugar muy alejado. Yo, al confesarle que lo amaba, cambié mi entorno y mi relación con él.
“Cami, ¿dejaste el celular en la mochila de la cocina?” me dijo mi mamá. “Si, puede ser, ¿por?” le contesté. “ah, porque estaba sonando, me parece”. Con desgano me levanté, estaba cansada. Saqué el celular y ahí vi, en la pantalla, algo que me tomo por sorpresa. “1 mensaje nuevo de: Lucas :D”. ¿Quééééééééé? Sí, sí. De Lucas. Lucas, Lucas. Mi Lucas. Bah, ese Lucas. Mis ojos estuvieron a punto de desorbitarse. No lo podía creer. Nunca me manda mensajes.
“Todo bien guacha?” já, sí. Nada más acabo de entrar en un estado de shock más profundo del que me atrapó el lunes, cuando te confesé todo. Cuatro mensajes de él. Cuatro. Y el último decía que estaba más linda. ¿Para qué me decís esas cosas? ¿Sabías que yo siempre me ilusiono? Pero bueno, después de todo, así es como funciona el efecto mariposa: un pequeño cambio hace grandes diferencias.
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