domingo, enero 18, 2009

No te olvido, sólo aprendo a vivir sin ti.

"...y en cada paso que doy, descubro que no te olvido, sólo aprendo a vivir sin ti" leí. No pude evitar que las lágrimas cayeran. Todo a mi alrededor me recordaba a él. Era una herida fresca, que no quería cicatrizar.
Todo había empezado un día, en el colegio. Era nueva, recién entraba en primer año. Él estaba en tercero. Desde el primer momento en que lo vi, con sus amigos, me enamoré de su sonrisa.
Toda mi vida había mantenido perfil bajo ante los hombres. Nunca me atreví a nada. No sé si fue por él o simplemente por el hecho de ser adolescente que me impulsó a intentarlo. ¿Qué me lo impedía? Conseguí como pude su casilla de correo y empecé a hablarle, como si fuera algo normal para mí. Lo cierto, es que nunca lo había hecho antes y me costaba horrores hacerme parecer interesante. Pero al fin de cuentas, no fue un trabajo arduo porque él me dijo que estaba interesado en mí desde que me había visto. Todo era maravilloso en mi mundo. Aunque lo cierto es que me decía muchas cosas, pero era mucho ruido y pocas nueces, como dicen a veces los abuelos.
Un día, cuando salía del colegio con mis amigas, se acercó y me dio un beso inesperado, acompañado de la frase "hace tiempo me moría por hacer esto", y se fue. Ya estaba, mis pies no tocaban la tierra. Unos días después, me pasó a buscar por mi casa y caminamos por un largo rato. "Estuve pensando" me dijo "en que a mí me gustás. Mucho". Le sonreí y bajé la mirada. "Y bueno, quería saber si... si a vossss... te gustaría estar conmigo... digo... comoooo... novios". Nuestras manos estaban agarradas y podía sentir cómo las suyas temblaban. "Sería algo tan lindo...". De nuevo, me dio un beso, aunque este me lo esperaba.
Pasaban los meses y la relación era perfecta. Salíamos seguido, pero sin sofocarnos. Era la razón de mi felicidad aunque también de mis problemas. Mis notas habían empezado a descender abruptamente, no estudiaba ni dormía, esperando que me llegara algún mensaje, o tan sólo pensando en él. Mis padres creían que yo estaba enferma, que algo serio me pasaba. Nunca quise contarles de mi noviazgo, tenía miedo a lo que me dijeran.
A la semana de haber cumplido seis meses juntos, empecé a notar que él ya no estaba tan pendiente de mí, que ya no quería estar conmigo, que ya no me llamaba y me hablaba muy poco. Yo estaba enamorada. Y más aún, obsesionada.
Salí con mis amigas para distraerme, pero todo fue peor. Lo vi con otra, felices. Fue el punto en el que me volví realmente desquiciada. Dejé más de lado todo. Nada importaba para mí. Lo vigilaba todo el día. Dejé de comer, de hablar con mis amigos, de querer salir. Mis notas eran más bajas cada vez y mi familia se preocupaba más. Me llevaron a un médico. Éste me derivó a sicología. Y ahí fue cuando estallé. No podía seguir guardando todo y alguien debía hablar conmigo. Le conté todo. Descargarme y decir cosa por cosa me ayudó a darme cuenta de que estaba enferma de amor.
En cuanto pude hablarle, le dije que lo había visto con otra, que me había traído problemas muy serios y que necesitaba que esto se terminara de una vez. Pero él me pidió perdón y me dijo que me amaba y que no quería perderme. No lo soporté. Me alejé para siempre.Hoy, todo me recuerda a la felicidad que me causó, pero también a los problemas. Lo mucho que lo amé no se comparaba con el daño que me hice a mí misma. No era su culpa provocar que yo terminara en ese estado. Era mía, por enamorarme y por llegar a ese punto. Pero lo mejor, fue poder alejarme. No te olvido, sólo aprendo a vivir sin ti.

No hay comentarios:

Publicar un comentario